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martes, 18 de febrero de 2014

DE GRANDES Y PODEROSOS A PEQUEÑOS Y ARRODILLADOS



América Latina, Asía y África, son continentes que en la historia de sus primeras civilizaciones se habla de riqueza, si bien es cierto que entre ellos existían una rivalidad, no se compara con lo que la sombra de Europa dejo en esos continentes, Alfonso Klauer en su texto ¿Leyes de la historia? Comienza con un apartado que le pone énfasis a lo que queremos llegar.
  Cuatro quintas partes de la humanidad viven sumidas en la pobreza. Son los hombres del Sur. Cinco mil millones de los seres humanos que habitan hoy el planeta, están condenados a nacer, vivir y morir en la escasez y en la precariedad, cuando no en la hambruna, la enfermedad, en medio de cruentas e inexplicables guerras, y en la miseria más desgarradora.”
La pregunta que surge de todo ello es ¿quién provoca la pobreza?, pues es fácil de saber que a lo que los Europeo le llaman desarrollo no es solo una forma de explotar a otras personas en pro de un beneficio especial de una o un grupo de personas, es por eso la necesidad de reconocer un poco de historia y voltear sobre el pasado como lo vuelve a recordad Alfonso Klauer.
“Así como el martillo es un instrumento insuficiente para construir una mesa; el simple recuento cronológico de los acontecimientos de la historia y menos pues el recuento simple de la versión oficial de los hechos; y la ausencia en la disciplina de las técnicas e instrumentos indispensables para una adecuada contrastación y verificación de muchos de los datos de la historia (que pertenecen a disciplinas a las que no se ha apelado, o muy tardíamente), se constituyen en recursos insuficientes para construir una versión científica de la Historia.
Asimismo, si apreciar el tamaño de los parlantes de radio en un automóvil no representa destacar los aspectos más relevantes del vehículo; destacar lo anecdótico, lo circunstancial y lo insignificante de los hechos históricos, y concurrentemente desechar a priori y hasta despreciar valiosos datos, resultan criterios muy pobres para acceder a la construcción de una versión científica de la historia.”
Todo estos comienzos siempre han tenido una temporalidad y es necesario recordar un poco a Mike Davis en los orígenes del tercer mundo, hace una Histografía del mundo de África y América precisamente en los años 1870 a 1914, cuando la humanidad se venía por un desplome económico, pero sobre todo un problema de tipo “natural” con la enfermedades, las pestes, las inundaciones y todo problema climático en el mundo.
            “Como podían darse cuenta los lectores contemporáneos de Nature y otras revistas científicas, [la gran sequía de los años 1876 a 1879 constituyó] un desastre de proporciones verdaderamente planetarias puesto que se registrar con casos de sequía y de hambre en Java, en Filipinas, en Nueva Caledonia, en Corea, en Brasil, en África austral y en África del norte. Hasta entonces nadie había sospechado que una importante perturbación climática pudiera producirse de manera sincronizada en toda la extensión de la zona tropical de los monzones, tanto en la China del norte como en el Magreb.”

            Para ello tenemos que comprender que todo este proceso de colonización no puedo ir sin los avances tecnológicos que los países de Europa adoptaron, uno de ellos es que tenían que buscar una forma más rápida para poder matar a las personas, no solo matar sino buscar la movilidad de una manera rápida, para poder llegar de un lado a otro.
           
   Como lo explica Alfonso Klauer: “Aunque no es la única, la guerra es quizá la más importante entre las diversas razones que dan cuenta de la relación de dominación que, durante mucho tiempo o episódicamente, ejerce un pueblo, el vencedor, sobre otro, el vencido. Y, aunque tampoco es el único, la guerra ha sido siempre el más importante instrumento de hegemonía. Por lo demás, sin excepción, siempre a través del recurso de la guerra, todos los imperios se han construido extrayendo grandes riquezas a los pueblos sojuzgados, que ésa, y no otra, ha sido siempre la razón de las conquistas.
El hombre –dice Jean Baechler [1]–, “es impulsado por pasiones irresistibles”: “ambición, codicia, avaricia, vanidad, orgullo, envidia”. Y puede pensarse que, además de premunidos de esas pasiones, debe haber correspondido el rol de catalizadores de las guerras a los que el propio Baechler denomina hombres de “talante pendenciero” [2].
Los líderes con “talante pendenciero” –llámense faraones, sátrapas, césares, emperadores, reyes anglicanos o reinas católicas, emires o sultanes, führers, o lo que fuera, pero también emperadores inkas y presidentes de repúblicas–, lanzaron así a sus pueblos a la conquista de sus vecinos. Ya sea para arrebatarles una riqueza puntual o una parte del territorio, o para someterlos íntegramente y hacerlos formar parte de su imperio. Pero, claro está, muchas guerras han sido desatadas para recuperar riquezas o territorios antes perdidos; para “sancionar” en represalia; para liberar territorios ocupados de pueblos aliados; o guerras de liberación contra algún tipo de opresor, externo o interno.
Para todos los casos, sin embargo, Clausewitz hizo famosa su afirmación de que la guerra es “una forma de hacer política por otros medios”. Pero, por sorprendente que pueda resultar, esa tan celebrada definición no pasa de ser una tautología, porque equivale a decir “la guerra es una forma de hacer política por medios violentos”.
Pero para la comprensión de los hechos de la historia, esa definición, además de inútil, acarrea otros problemas. En efecto, ¿qué se entiende en ella por “política”? Asumamos que supone –como lo dice un diccionario [3]–: “arte, doctrina y opinión referente al gobierno de los Estados”, o, en buen romance, “el manejo de la cosa pública interna”. Así, si reemplazamos en la definición de Clausewitz “política” por la prosaica definición de “política” que se acaba de dar, paradójicamente resulta que la guerra entre dos Estados es “una forma violenta de ventilar en el extranjero los asuntos internos”. Ni una ni otra resultan pues definiciones útiles y consistentes.
Baechler, por su parte, en una definición que no pasa de ser un buen deseo, define la “política” como “el orden cuya misión es asegurar la paz para la justicia...” [4]. En este caso, haciendo la sustitución correspondiente, resulta que, patéticamente, la guerra “es una forma violenta de asegurar la paz para la justicia”. Hagamos sin embargo una última sustitución, pero esta vez con la definición que diera el Papa Juan XXIII sobre “política”: “la forma más alta de ejercer la caridad[5]. En este caso, pues, resulta una no menos patética definición de guerra, que debería entenderse entonces como “una forma violenta de ejercer la caridad”.”
Pese a todo esto ahora surge una nueva conspiración y sobre todo me refiero al continente Africano, la verdadera riqueza eran todos los hombres que podían trabajar en las fábricas del hombre “blanco”, pero lo que realmente sucede es que Europa tiene manchada sus manos de tantas personas, las grandes aventura que se  mencionan en el recorrido que tuvieron al África, no es más que solo hechos de masacres y matanzas, hechos que hoy quieren dejar en el olvido, la gran pobreza, las grandes desigualdades, la forma hasta de matar son herencias de ellos mismos.
Como lo menciona el artículo Geografía y protagonistas de un mito mercenarios y aventureros blancos en África central: “la fuerza visionaria de la novela de Conrad se hizo evidente en los años 60 del siglo XX, cuando durante los procesos de descolonización aparecieron de nuevo cruentas narraciones de las actividades de los mercenarios blancos en el Congo, descritos por un autor como “genios diabólicos sacados de una anacrónica y desagradable botella medieval.””
“Es evidente que los mercenarios blancos de los años 60 en el Congo sufrieron el mismo proceso de barbarización y embrutecimiento que sus predecesores a quienes Conrad había descrito. Pero buscar a Kurtz entre ellos es una tarea vana. Sus autobiografías están llenas de fanfarronadas, excusas vanidadosas y humor primitivo. Especialmente destacable aquí es Siegfried Müller, antiguo “Oberleutnant” de la Wehrmacht alemana. Al llegar tarde para incorporarse a la lucha por Katanga, se había establecido en Sudáfrica como manager de un hotel. Allí esperaba posibles misiones y cuidaba los contactos con algunos compatriotas correligionarios más jovenes. Cuando finalmente fueron requeridos nuevos mercenarios se dijeron a sí mismos: “haremos una caza de cazadores -una- una caza de negros o algo así -haremos una quijotada - ningún peligro, todo okay”, como contaba el mismo Müller en una entrevista. Pero el veterano del frente ruso Müller no ofreció servicios suficientemente convincentes, por lo que fue rápidamente relevado del mando. A pesar de ello alcanzó cierta fama bajo el apodo de “Congo-Müller”, fama que se debía sobre todo a las imaginaciones de algunos perodistas que suponían detrás de cada mercenario a un ex-nazi. Para ellos, Congo Müller, que lucía con ostentación su Cruz de Hierro, era la encarnación perfecta de este prototipo. Entre sus compañeros en el Congo, sin embargo, era más que nada motivo de burla: contaban que incluso por las noches se prendía la Cruz de Hierro en el pijama. Pero la popularidad de Müller no es debida a sus hazañas en África sino a una entrevista realizada por la televisión de la ex-RDA: creyendo que se encontraba ante periodistas occidentales comprensivos, contaba borracho y entre risas, sus masacres en el Congo, y se declaraba dispuesto a ofrecer su “know-how” al servicio de la liberación de la RDA o incluso a formar parte de una “Legión Vietnam”. Esta entrevista, bajo el título “El hombre sonriente - confesiones de un asesino”, fué televisada en 1966 y en Alemania del oeste fué considerada una mera operación de propaganda hasta que la difusión de nuevas noticias sobre el papel de los mercenarios en el Congo aclaró su veracidad.” 
Ahora pensar que somos los subdesarrollados, los incapaces, es una falta de conciencia de parte del opresor el conspirador y sobre todo del saqueador, y que ahora nos traen apoyo para ayudar a los “salvajes” es un etimología a la cual ellos deben ser llamados y no nosotros.







QUETZALTENANGO 13 DE FEBRERO DE 2014





      [1]    Baechler, Breviario..., p. 29.
      [2]    Baechler, Breviario..., p. 30.
      [3]    Larousse Ilustrado..., p. 820.
      [4]    Baechler, Breviario..., p. 33. La cursiva es nuestra.
      [5]    La cursiva es nuestra.

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